Noche de luna llena
Noche de Luna Llena: El cuento de Can Cardona

Los nuevos huéspedes llegaron a punto de la medianoche sobre las doce campanadas, cuando la luna ilumina la isla con luz de plata. Justo en el instante en que el hombre lobo despierta sus instintos salvajes, los vampiros salen en busca de sangre, y Cenicienta pierde su zapato de cristal en las escaleras de palacio.
En la entrada un enano resoplaba esperando con las llaves en la mano a que llegaran los nuevos habitantes de la casa. Con una reverencia exagerada les daba la bienvenida y les invitaba a entrar al jardín encantado.
— Bienvenidos a Can Cardona, un lugar mágico donde los haya. Aquí nada es lo que parece, todo es diferente a lo que hasta ahora habían pensado que su
Vario

— Serán testigos de un mundo al
Al llegar, unos ratones daban los últimos retoques a la vivienda puliendo el suelo, mientras unas hadas terminaban de hacer las camas con cariño y esmero.
— Buenas noches queridos —les habló un hada—. Estas cosas aquí se cuidan con mucho mimo, queremos que mientras estén aquí duerman como angelitos y no es fácil dar el trabajo por finalizado.
Salieron a conocer los jardines, en una noche especial en que los sueños se hacen realidad. Posados sobre las ramas de los limoneros, naranjos y palmeras, un
— Olviden la cordura y dejen volar la imaginación más allá de sus posibilidades. Aquí nada es verdad, ni nada es mentira. Sean inconscientes por un tiempo, porque han entrado en un

Vario
— Serán testigos de un mundo al
Al llegar, unos ratones daban los últimos retoques a la vivienda puliendo el suelo, mientras unas hadas terminaban de hacer las camas con cariño y esmero.
— Buenas noches queridos —les habló un hada—. Estas cosas aquí se cuidan con mucho mimo, queremos que mientras estén aquí duerman como angelitos y no es fácil dar el trabajo por finalizado.
Salieron a conocer los jardines, en una noche especial en que los sueños se hacen realidad. Posados sobre las ramas de los limoneros, naranjos y palmeras, un

— Olviden la cordura y dejen volar la imaginación más allá de sus posibilidades. Aquí nada es verdad, ni nada es mentira. Sean inconscientes por un tiempo, porque han entrado en un
Las lechuzas de plumas de colores se unieron al
Las flores eran de seda, de fragancias desconocidas por nariz alguna sobre la faz de la tierra. Mientras tanto, las luciérnagas que alborotaban por los alrededores se posaban sobre las rosas blancas y las magnolias amarillas.
— ¿De dónde vendrán estos extraños seres? ¿De qué país del mundo habrán llegado? —preguntó la más p
— Se les ve buena gente, serán del planeta Tierra —confirmó una de ellas, dando como acertada la respuesta

Siguieron el paseo previsto por el enano. Los simpáticos conejos cogieron
— Subid al columpio y quedaros a jugar con nosotros, cuidaremos de ellos —les rogó el gnomo más gordo a sus padres.
Accedieron encantados: habían hecho nuevos amigos para sus juegos y no parecían ser peligrosos. Siguieron el camino y llegaron a la piscina; dos sirenitas disfrutaban de un refrescante baño de agua clara
— ¡No lo intentéis! Les gusta jugar con los chicos. No son m

Siguieron el programa mientras la luna continuaba iluminando desde lo alto. El grupo se dirigió a un lugar muy especial del entorno. Se encendieron unas luces como por arte de magia y aparecieron detrás de la barra del bar dos gatos, uno blanco y el otro negro, vestidos con chaleco y pajarita batiendo la coctelera. Una música de jazz alegraba el ambiente. Los huéspedes, sin duda
— Bienvenidos al bar "Los Gatos Rebeldes", somos un dúo incompara
Se quedaron boquiabiertos. Era más de lo que ellos habían soñado para sus vacaciones, ¿o eran solo alucinaciones producidas por los exóticos cócteles que los esmerados gatos les habían preparado? Poco antes de la madrugada todos los personajes animados fueron desfilando de vuelta a sus hogares. El gato blanco iba recogiendo los vasos, mientras el gato n
— Buenas noches amigos, ha llegado la hora de dar por terminada la función, es hora de volver a casa. Gracias a todos por esta inolvidable velada.
Al día siguiente los nuevos huéspedes se levantaron tarde y fueron en busca de sus nuevos amigos. Unos pájaros piaban en los
Felices vacaciones en Can Cardona, un lugar mágico donde los haya.
— Juan José Cardona (Autor)